DUATLON CROS MELGAR DE YUSO por José A. Martín Sánchez.

A las cinco de la tarde, hora taurina, se congregaba en la plaza del Ayuntamiento de Melgar de Yuso un reducido número de duatletas, ante un escaso pero entregado público, que colaboró en el tradicional aplauso solicitado por el speaker para dar arranque a la prueba.

Minutos antes, hacía su entrada en la plaza el “diestro” Javier García Velasco, correspondiendo a los saludos de los allí presentes, sin prever por entonces que aquella no iba a ser su mejor faena, pues rompiendo la tónica habitual, iba a ser Efrén Carazo Aguilera quien esa tarde lograra cortar orejas y rabo, y salir por la puerta grande.

Con mucha más antelación me presentaba yo (fui el segundo en recoger el dorsal), muestra de mi ansia por competir aun sabiendo que no era el mejor momento ni la mejor plaza. Tampoco yo imaginaba entonces que iba a recibir revolcón y cornada de doble trayectoria… Pero aquí no sirven las escusas.

La primera sensación agradable, nueva para mi por cierto, fue encontrarme con alguien que vestía los mismos colores que yo, con el que “matar” esos minutos previos a la carrera. Joseja me transmitió esa tranquilidad fruto de la experiencia y me explicó como era el circuito de bici. Tino llegó más apurado; al igual que en carrera, tiene controlados los tiempos.

Y por fin llegó el momento. Desde una segunda línea de fuego para no estorbar a la élite,     arrancamos la carrera a pie, que transcurrió al ritmo esperado (al menos para mi), llegando a la primera transición con más miedo que vergüenza, consciente de mis carencias sobre las dos ruedas, más aun si se trata de MTB. Durante el recorrido de dos vueltas de carrera a pie, me había dado tiempo a ver a Tino entre los diez primeros, y a Joseja luchando por acabar lo que menos le gusta y empezar a disfrutar con lo que mejor se le da, la bici. Y con la bici salí yo, más ligero de lo esperado, emocionado tras adelantar cuatro o cinco posiciones en los primeros  quinientos metros, para volver a la cruda realidad y perderlas de nuevo en cuanto la cosa empezó a picar para arriba.  Supongo que para Tino y Joseja esa subida era una de tantas, pero para mi, que no saco la MTB más que para ir de romería como dice Mateo, esa cuesta de algo más de cuatro kilómetros se me hizo interminable. En el último    tramo tuve que mirar al suelo para apreciar el movimiento porque pensé que estaba haciendo rodillo; la madre que me parió. Menos mal que aun a esa velocidad conseguí adelantar a un par de ellos y eso me dio cierta moral; ya se sabe, mal de muchos…  Para más inri, como ya me había advertido Joseja, la orientación de los incesantes molinos me recordaba que cuando la subida me diera tregua, sería el viento quien se encargara de joderme la tarde durante el trayecto de vuelta al pueblo. Así que en cuanto hice cumbre y volví a sentir las piernas, traté de arañar algún segundo al crono “a to’ lo que daba” (que es más bien poco), y aunque escuché de sobra al hombrecillo con chaleco amarillo gritar “¡Despacio, despacio!” antes de afrontar la trialera de bajada, pensé que no estaba la cosa para desperdiciar tiempo… Claro, cuando quise recurrir a mi pericia sobre las dos ruedas, me di cuenta tarde de que yo no tenía de eso y… al suelo.

Lo primero que hice cuando logré levantarme fue mirarme el traje pensando “No me jodas que lo has roto el día que lo estrenas”. Hubo suerte, cuatro raspones en la pantorrilla y poco más, pero cuando me subo a la bici veo que se me ha salido la cadena. Bien chaval, lo estás bordando. Ahora recurro a mis dotes como mecánico y… no soy capaz de sacar la cadena, está atascada la muy p… Y yo pensando: “¿Será posible? Tino tiene que estar entrando en meta, y yo aquí haciendo el ridículo, perdido en el monte; y no he traído ni merienda”. Al final se me acerca el hombrecillo del chaleco y lejos de humillarme con un “te lo dije”, se pone a ayudarme y conseguimos poner la cadena.            Pues nada, me tiro por la trialera con mas miedo que otra cosa, y descubro que me duelen tanto los dedos de las manos que me cuesta hasta apretar los frenos. Quien me mandaría a mi meterme en este charco. Al final lucho lo que puedo en una segunda vuelta que no voy a detallar por no extenderme (cabe decir que fue casi peor que la primera), e inicio la carrera a pie tras una segunda transición que, como las calificaciones del colegio, “Necesita mejorar”.

A Tino por supuesto ni le veo, supongo que se habrá duchado ya, y con Joseja me cruzo a poco más de un kilómetro de meta y me atrevo a animarle cuando el que más ánimos necesita soy yo. He de decir que en esta segunda carrera a pie sufrí menos de lo que recordaba haber sufrido en las escasas pruebas en las que participé el año pasado, cuando debuté en este deporte, y eso es seguro gracias al trabajo de Juanma López con sus oregones, series, y demás. Es un lujo contar con este tío.

Resumiendo:

En lo personal, me divertí y sufrí al mismo tiempo, me hizo mucha ilusión estrenar el traje del club (y no romperlo), y comprobé que me falta mucha bici, pero por suerte, me sobran ganas, así que espero poder ir mejorando poquito a poquito, suave suavecito…

En lo colectivo, todo un placer compartir colores con gente con tanta experiencia, de la que no dejo de aprender, y sobre todo ver subir al cajón a estos dos fenómenos que, como tantos otros, hacen más grande este club.

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